Mujeres, empleo y política pública
Por: Luis Ramírez Baqueiro
“El futuro no es un regalo, es una conquista”. – Robert Kennedy.
En Veracruz, hablar de empleo para las mujeres no debería ser un discurso ocasional ni una fotografía para las redes sociales. Durante décadas, la brecha laboral femenina ha sido una constante en la entidad: menos oportunidades, salarios más bajos y una participación económica limitada por factores estructurales que van desde la informalidad hasta las responsabilidades domésticas no remuneradas. Por ello, cuando desde el gobierno estatal se anuncian acciones específicas orientadas a las mujeres, conviene analizarlas con lupa, pero también reconocer cuando representan un paso en la dirección correcta.
La Feria Nacional del Empleo para las Mujeres 2026, realizada en Pánuco, organizada por la Secretaría del Trabajo, Previsión Social y Productividad del Gobierno del Estado, encabezada por Luis Arturo Santiago Martínez, es un ejemplo de este tipo de acciones que buscan incidir en una realidad compleja. De acuerdo con lo expresado por el propio funcionario en sus redes sociales, el evento logró articular un esfuerzo conjunto con el sector empresarial para poner a disposición 272 vacantes laborales, con salarios que van desde los 9 mil 583 pesos hasta los 26 mil 176 pesos mensuales.
A simple vista, podría parecer un número modesto frente al tamaño del mercado laboral veracruzano. Sin embargo, el verdadero valor de este tipo de ejercicios radica en el mensaje político y social que transmiten: el reconocimiento de que las mujeres necesitan espacios específicos de inserción laboral y políticas públicas que faciliten su acceso a oportunidades económicas reales.
Santiago Martínez lo expresó con claridad al señalar que detrás de cada mujer que busca empleo existe una historia de lucha, de esfuerzo familiar y de aspiraciones legítimas de progreso. No es una frase menor. En un estado donde miles de mujeres sostienen hogares enteros, muchas veces como jefas de familia, hablar de empleo femenino es hablar también de bienestar social, movilidad económica y desarrollo comunitario.
Pero el análisis no puede quedarse solo en la acción del secretario. La iniciativa se inscribe en una narrativa más amplia impulsada desde el gobierno estatal por la gobernadora Rocío Nahle García, quien ha colocado el tema de las mujeres en el centro de su discurso político y de su agenda pública.
La apuesta no es menor. Veracruz es uno de los estados con mayores retos en materia de igualdad laboral y violencia de género. En ese contexto, construir políticas públicas que impulsen la autonomía económica de las mujeres es una estrategia que impacta directamente en múltiples dimensiones sociales.
El gobierno de Nahle parece entenderlo. La lógica es sencilla pero contundente: cuando una mujer accede a un empleo digno, no solo mejora su vida personal, también se fortalece la estabilidad económica de su familia y se dinamiza la economía local.
La feria laboral de Pánuco puede verse entonces como una pieza de un engranaje mayor que intenta construir un Veracruz más incluyente. El desafío, por supuesto, será que estos esfuerzos no se queden en eventos aislados, sino que evolucionen hacia una política permanente de generación de empleo femenino con mayor escala, cobertura regional y continuidad institucional.
Porque si algo ha demostrado la experiencia mexicana es que el desarrollo económico de los estados pasa necesariamente por la participación plena de las mujeres en la vida productiva.
Y en ese terreno, cada oportunidad laboral cuenta.
Sextante
La designación del xalapeño Aureliano Hernández Palacios Cardel al frente de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) no es un movimiento menor dentro del tablero político nacional. En política, pocas decisiones son inocentes y mucho menos cuando se trata de un cargo que, en los hechos, vigila el uso de miles de millones de pesos del presupuesto público.
Y si algo caracteriza a este nombramiento es el peso político que carga detrás.
Hernández Palacios no es un burócrata surgido de la nada. Es un hombre cercano a la presidenta Claudia Sheinbaum, con quien trabajó como secretario particular durante su paso por la Ciudad de México. En el lenguaje del poder, esa cercanía significa algo más que confianza administrativa: implica conocimiento directo de las entrañas del proyecto político que hoy gobierna el país.
Por eso su llegada a la Auditoría Superior de la Federación debe leerse en clave estratégica. La ASF no solo audita cuentas públicas; también fija tiempos, define narrativas de responsabilidad y, en ocasiones, determina el ritmo de las crisis políticas. Quien controla ese espacio no solo revisa el pasado: también influye en el futuro.
Y ahí es donde Veracruz aparece inevitablemente en la conversación.
Porque Hernández Palacios es xalapeño. Y en política territorial eso importa. Mucho. Su arribo a una posición de tal calibre lo coloca, de golpe, dentro de la baraja de nombres que inevitablemente comenzarán a circular rumbo a la sucesión estatal de 2030. No significa que sea el candidato, ni siquiera que aspire a serlo. Pero sí lo coloca en la lista de quienes podrían estar en la conversación.
Sobre todo porque el actual escenario político veracruzano gira alrededor de la figura de la gobernadora Rocío Nahle García.
Aquí caben dos lecturas posibles.
La primera: que el ascenso de Hernández Palacios forme parte de la construcción de perfiles cercanos al proyecto presidencial que, llegado el momento, puedan competir por Veracruz. Una especie de avanzada política que mantenga alineado el estado con el centro del poder.
La segunda lectura es más interesante: que el movimiento no esté pensado para Veracruz… sino para liberar a Nahle de la ecuación local. Es decir, que desde Palacio Nacional se empiece a construir una red de perfiles que permitan mantener gobernabilidad en la entidad mientras la actual mandataria pudiera ser considerada para responsabilidades mayores en el siguiente sexenio.
Nada de esto está escrito en piedra, pero en política las señales suelen hablar antes que los discursos.
Por supuesto, los malquerientes ya empezaron a afilar cuchillos. Dirán que se trata de cuotas, de cercanías incómodas o de favores políticos. Lo dirán con el entusiasmo que siempre acompaña a quienes ven conspiraciones en cada nombramiento.
Pero si uno mira el tablero con frialdad, la conclusión es otra: la baraja veracruzana está cargada.
Y ahora tiene una carta más en la mesa.
Al tiempo.
astrolabiopoliticomx@gmail.com
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx