No era fácil. Nahle recibió un Estado con rezagos, expectativas altas y narrativa adversa. Pero la gobernadora Rocío Nahle García decidió entrarle de frente… y empieza a cobrar la factura política.

En abril alcanzó su mejor nivel de aprobación: 63.2% y lugar 11 nacional, según Demoscopia Digital, dato que desde luego incomoda a sus adversarios políticos. Pero mantenerse arriba del 60% a casi año y medio no es fácil pues habla de presencia, ritmo y control de agenda: territorio, giras, seguridad, Fiscalía, obras, salarios y operación con municipios.

Ahí están el Salsa Fest, la obra rural —poco visible pero constante—, anuncios de infraestructura en norte, centro y sur, y mucho más. 

Pero ojo: la aceptación no es un salto espectacular… es estabilidad, y en política, eso tiene doble filo. Alienta, da confianza, pero obliga a seguir por ese camino. 

Nahle ha capeado el temporal y salió del bache que recibió del gobierno anterior, pero hoy se le ve firme y tomando decisiones a las que otros no se atrevieron. 

La pregunta es otra: ¿hasta dónde está su techo rumbo a 2027 y 2030?

Porque Veracruz sigue en media tabla nacional. No hay crisis, pero tampoco dominio.

El margen ahora es suyo: corregir, afinar equipo y convertir aprobación en capital político y electoral.

Porque si algo enseña la política mexicana es simple: los primeros 18 meses construyen percepción… los siguientes definen destino.

Héctor Yunes y su tibia ruptura del PRI. Reacomodo personal rumbo al 2030

En los cafés de la capital veracruzana, los sabios bebedores del mejor aromático del mundo leen la salida de Héctor Yunes Landa del PRI como una ruptura tibia… y más como reacomodo personal rumbo al 2030.

Su renuncia no sorprendió a nadie y tampoco hizo el ruido que quizá él esperaba.

Uno de los pocos columnistas que hoy aborda el tema es Agustín Contreras Stein, quien recuerda la promesa: “seré priista siempre”. Hoy, esa frase ya es historia.

La lectura parece simple: el PRI ya no da para competir, y menos para ganar. Por eso, más que renuncia, se le ha visto como una mudanza política.

Muy válida y legítima por si le preguntan a los sabios bebedores de café. 

Quienes conocen a Héctor saben que al partido que adopte como destino, no será por afinidad, sino por conveniencia personal y de una oposición carente de figuras.

En política quedarse sin partido no es perder rumbo, es buscar uno que sí dé boleto.

Y ojo, Héctor no se irá solo, ya lo verán. 

La pregunta no es por qué Héctor se fue y otros le seguirán, sino cómo tienen calculado regresar.

Los canillazos son para quienes hoy critican a Héctor: tiene derecho y él puede llenar ese gran hueco que hoy tiene la oposición en Veracruz.

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