| EN SEGURIDAD, NI UN PASO ATRÁS: ROCÍO NAHLE

Pablo Jair Ortega

¿Será que ahora sí se van los taxis Tsurus
que tienen más de 20 años circulando?
—Chopenjawer

La gobernadora Rocío Nahle García ha dejado claro que la seguridad es una prioridad permanente (y sin titubeos) en su gobierno. No hay simulación ni espectáculo, sino una estrategia alineada a la visión nacional de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

Esto es: coordinación, inteligencia y atención a las causas.

Porque la violencia que Veracruz tuvo durante décadas no se resuelve de la noche a la mañana, pero tampoco se combate con indiferencia.

Tampoco es que se busque pretexto de culpar al pasado, pero cualquier persona con sentido común sabe que todavía se vive una inercia de décadas de complicidades que empoderaron a la delincuencia en todos sus niveles.

Afortunadamente —de unos años para acá— se percibe que la situación ha cambiado y hoy existe una coordinación diaria entre el Gobierno del Estado, fuerzas federales y corporaciones de seguridad, con el seguimiento diario a través de las Mesas de Seguridad para mantener el pulso del estado.

Todo se reporta, pues, diariamente, ante todas las instancias. Nada de “esto se lo guarda la Policía Estatal, esto el Ejército, esto la Marina, esto la (extinta) Policía Federal”…

Y he aquí algunas cifras: entre enero y abril fueron aseguradas más de 200 mil dosis de droga, decomisadas cerca de 400 armas, seis mil municiones y 12 granadas. Además, mil 600 integrantes de grupos delictivos fueron detenidos, incluidos 14 objetivos prioritarios, mientras ocho células delincuenciales fueron desarticuladas en distintas regiones del estado. 

No son cifras menores: representan golpes directos a estructuras criminales que durante años operaron con amplios márgenes de impunidad.

Pero la apuesta no termina en los operativos constantes.

La gobernadora aprendió bien del expresidente Andrés Manuel López Obrador, en el sentido de que la paz también se construye evitando que los jóvenes sean captados por la delincuencia. Por eso la gratuidad educativa se convirtió en una política de seguridad en el primer año de gobierno: ocho mil nuevos estudiantes ingresaron a tecnológicos y planteles de educación media superior y superior, gracias a la eliminación de cuotas y apoyos impulsados por el estado. 

Cada joven que permanece en las aulas es un espacio menos para el crimen, y en Tuxpan recientemente la gobernadora Nahle les dijo: “su lugar es aquí, en las aulas, no en las calles delinquiendo”.

En el caso de las mujeres, la estrategia también cambió de enfoque: con la aplicación Veracruzana Protegida, más de tres mil mujeres han sido atendidas mediante esta plataforma, donde la coordinación con el Poder Judicial ha sido clave para fortalecer mecanismos de protección y respuesta inmediata.

A la par, las corporaciones policiales siguen siendo fortalecidas con nuevas patrullas, equipamiento, mejores salarios y becas para hijos de policías, porque difícilmente puede exigirse profesionalismo y resultados a instituciones abandonadas durante años.

Claro que no se puede —ni se debe— cantar victoria. Veracruz sigue y seguirá enfrentando desafíos importantes. La lucha por la seguridad en las calles son batallas diarias. 

Lo notable de lo que era antes a lo que es hoy, es que hay una gran diferencia: una estrategia con dirección, coordinación y presencia institucional.

Tampoco debe dejarse de lado el apoyo del secretario de Seguridad de Veracruz, Alfonso Reyes Garcés, con quien hay una estrategia con dirección, coordinación y presencia institucional.

Y sin necesidad de reflectores o de andar llamando la atención mediática, como ocurría antes, en muy recientes tiempos.