La ficticia rebelión en la granja
Por: Luis Ramírez Baqueiro
“Virtud es del hombre sensato encontrar motivo de alegría aun en plena adversidad”. – José de San Martín.
Hay momentos en la política en los que el adversario no siempre se encuentra enfrente. A veces se sienta en la misma mesa, comparte el mismo discurso y presume los mismos colores partidistas. Sin embargo, sus acciones terminan beneficiando más a los contrarios que a los propios. Veracruz parece estar entrando justamente en esa etapa.
A poco más de un año de que arranque formalmente la carrera hacia las elecciones intermedias de 2027, algunos actores políticos han comenzado a mostrar con claridad sus verdaderas prioridades. Y no necesariamente parecen coincidir con los intereses del movimiento político al que dicen pertenecer.
El caso más evidente es el del senador Manuel Huerta Ladrón de Guevara. Desde el inicio de la administración estatal, el legislador ha mantenido una postura de confrontación permanente con el gobierno de la gobernadora Rocío Nahle García. Lo curioso es que muchas de sus críticas han terminado siendo utilizadas por la oposición como material de propaganda política. En ocasiones pareciera que el senador se ha convertido en el más eficaz generador de argumentos para Movimiento Ciudadano y otros grupos opositores.
Resulta difícil explicar por qué un político surgido de Morena dedica más tiempo a cuestionar a una administración emanada de su propio movimiento que a defender los proyectos que la ciudadanía respaldó en las urnas. La crítica interna es válida y necesaria en cualquier democracia. Lo cuestionable es cuando esa crítica se transforma en una estrategia sistemática de desgaste que termina fortaleciendo a los adversarios.
No es el único caso.
También reaparecen personajes que el imaginario colectivo creía políticamente amortizados. Uno de ellos, ex secretario de Gobierno de la pasada administración estatal, ha iniciado una intensa operación de reconstrucción de imagen pública. Tras encontrar resistencias en diversas regiones donde anteriormente ejerció influencia, ahora busca espacios de sobrevivencia política en municipios como Coatepec, intentando generar una percepción de liderazgo que difícilmente encuentra respaldo en los hechos.
La realidad es que en regiones como la Cuenca del Papaloapan existen actores que han consolidado estructuras territoriales propias desde hace años. Ahí, el diputado federal del Partido Verde, Javier Herrera Borunda, ha desarrollado una presencia constante que le ha permitido construir una base política sólida. Por ello, las incursiones tardías de algunos personajes parecen más ejercicios de nostalgia política que verdaderas estrategias de futuro.
Lo preocupante no es únicamente la ambición personal. Lo verdaderamente delicado es la sospecha cada vez más extendida de que detrás de diversas campañas mediáticas para desacreditar al gobierno estatal existirían intereses internos empeñados en construir la narrativa de una supuesta crisis política dentro de Morena.
La intención es evidente: fabricar la percepción de una rebelión en la granja.
Sin embargo, toda estrategia de desgaste tiene costos. Y esos costos rara vez recaen únicamente sobre el gobierno en turno. Cuando figuras identificadas con Morena atacan sistemáticamente a una administración morenista, el daño no se limita a Palacio de Gobierno. También afecta la percepción ciudadana sobre el propio movimiento y sobre quienes aspiran a competir en 2027 bajo esas mismas siglas.
Paradójicamente, quienes creen estar debilitando a Rocío Nahle podrían terminar erosionando sus propias posibilidades políticas. La ciudadanía suele castigar la incongruencia. Más aún cuando los ataques parecen responder a proyectos personales antes que a convicciones ideológicas o preocupaciones genuinas por el bienestar colectivo.
La política tiene memoria. Y también tiene facturas pendientes.
Por eso, mientras algunos se empeñan en construir conflictos artificiales y alimentar rumores de fracturas inexistentes, el verdadero desafío para Morena será distinguir entre la crítica legítima y la deslealtad disfrazada de opinión.
Porque al final, la historia demuestra que las rebeliones internas rara vez derrumban al liderazgo que pretenden combatir. En muchas ocasiones terminan consumiendo a quienes las promueven.
Y en Veracruz, el desgaste político de varios de esos protagonistas ya comenzó a ser más visible que la fuerza que alguna vez presumieron tener.
Al tiempo.
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“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx