El nombramiento de Raquel Bonilla como nueva titular de la SEV dio de qué hablar. Mientras en redes sociales y algunos espacios de opinión el debate giró alrededor de si su perfil es el de una especialista en materia educativa, en los cafés la conversación tomó otro rumbo.

Los sabios bebedores del mejor café del planeta plantearon una pregunta distinta: ¿y si el verdadero problema de la SEV nunca fue administrativo, sino político?

Si esa es la lectura correcta, entonces la decisión de la gobernadora Rocío Nahle adquiere otra lógica. Porque la SEV no es solamente un aparato encargado de la educación. Es una de las estructuras burocráticas más grandes del estado, con alrededor de 136 mil 500 trabajadores entre personal estatal y federal, además de más de medio centenar de organizaciones sindicales que defienden intereses distintos y, muchas veces, contrapuestos.

Ese fue el escenario que enfrentó Claudia Tello con sus 30 años en el Sector apostó por acelerar cambios administrativos y terminó trasladando buena parte del conflicto a las calles: protestas, tomas de oficinas, planteles cerrados y mesas de negociación permanentes.

Por eso, más que una especialista en procesos educativos, quizá Rocío Nahle decidió colocar a una operadora política. Porque administrar una dependencia puede aprenderse con buenos equipos técnicos. Conducir una negociación permanente con más de 50 sindicatos requiere otro tipo de experiencia.

La educación seguirá dependiendo de los especialistas que permanecen dentro de la SEV. Lo que ahora parece ponerse a prueba será la capacidad política de quien tendrá que construir acuerdos, contener conflictos y recuperar gobernabilidad en una dependencia históricamente compleja.

Por eso, antes que repartir elogios o críticas anticipadas, en los cafés prevalece una postura más sensata: darle el beneficio de la duda. Ya habrá tiempo para juzgar resultados. Por lo pronto, los lecheros son para Raquel Bonilla.

El té de tila; ese seguramente lo necesitarán ella y quienes se sienten a negociar con el monstruo de más de cincuenta sindicatos llamado SEV.

¡Ojo! El verdadero enemigo del despojo debe estar dentro. ¿Se atreverán?

En los cafés políticos de Xalapa, se reiteró en el tema de “los despojos de viviendas y terrenos”.

La discusión, sin embargo, ya cambió.

Nadie duda de que el problema existe. La propia gobernadora Rocío Nahle lo ha reconocido y ha ordenado atender a las víctimas directamente, sin intermediarios.

Pero también existe otra percepción: que para desmantelar los llamados “cárteles inmobiliarios” no basta con recibir denuncias.

Quienes siguen el tema sostienen que estas redes sólo pueden operar cuando fallan —o participan— distintas instancias encargadas de dar certeza jurídica a la propiedad. Por eso el verdadero desafío no estaría únicamente en castigar a unos cuantos responsables, sino en cerrar los espacios de complicidad dentro de las propias instituciones, porque ahí está el verdadero desafío; impedir que desde las propias instituciones se generen o toleren las condiciones que hacen posible estos delitos.

Auditorías, notarías intervenidas e investigaciones ya existen y se supone que por ley deben realizarse.

Lo que muchos esperan ahora es un mensaje igual de contundente que el enviado recientemente desde la Ciudad de México por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada: cero tolerancia al despojo, caiga quien caiga.

Porque recuperar una propiedad es importante, pero recuperar la confianza en las instituciones lo es todavía más.

El verdadero desafío está en impedir que desde las propias instituciones se generen o toleren las condiciones que hacen posible estos delitos.

Pero el tema no se agota con lo que hoy se conversó en la mesa, hay más y por lo tanto se reserva el calificativo.

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