La educación está organizada por niveles. Las personas no.
Pocas afirmaciones parecen tan evidentes y, al mismo tiempo, tan fáciles de pasar por alto y es que hay lugares donde se decide el futuro de una persona. La educación básica, la media superior y la superior son formas necesarias de organizar un sistema complejo. Quienes aprenden, en cambio, viven una sola trayectoria. Y quizá en esa diferencia se encuentre una de las preguntas más importantes de la educación. Toda organización necesita establecer límites, toda trayectoria humana necesita continuidad, entre ambas afirmaciones se encuentra uno de los mayores desafíos de cualquier sistema educativo.
Las instituciones dividen la educación para organizar responsabilidades. Las personas no recorren su formación de esa manera. Ningún estudiante recuerda su vida escolar como una sucesión de reformas, reglamentos o estructuras administrativas, recuerda una historia continua: la de sus aprendizajes, sus dudas, sus logros y las decisiones que fueron construyendo su proyecto de vida. Cada cambio de nivel educativo implica mucho más que un nuevo edificio o un nuevo plan de estudios. Cambian las expectativas, las relaciones, las formas de aprender y, con frecuencia, la manera en que un estudiante se comprende a sí mismo. Por eso, las transiciones son momentos decisivos, las instituciones llaman a esos momentos transiciones, las personas simplemente los llaman seguir adelante. Allí puede fortalecerse una trayectoria, pero también aparecer el rezago, el abandono o la sensación de empezar de nuevo.
No basta con que cada nivel educativo funcione bien por separado, también importa la calidad del puente que los une. Hoy Veracruz vive una coincidencia poco común. Mientras concluye la primera generación que cursó íntegramente el Modelo Educativo 2023, comenzará la implementación del Bachillerato Nacional. La atención se ha concentrado, con razón, en los cambios curriculares y en los desafíos administrativos que acompañan este proceso. Pero quizá la pregunta más importante sea otra. ¿Qué puede aprender el sistema educativo de la generación que acaba de recorrer ese camino?
Durante años hemos evaluado el aprendizaje de los estudiantes, las escuelas y los programas. Mucho menos frecuente ha sido preguntarnos qué aprendieron las propias instituciones después de acompañar la trayectoria completa de una generación. La educación básica conoce el punto de partida, la educación media superior acompaña una etapa decisiva en la vida de las y los jóvenes y la educación superior recibe los resultados de ese recorrido. Cada nivel posee una parte de la historia, ninguno la conoce completa, tal vez por eso la continuidad educativa dependa menos de la articulación de documentos y más de la calidad de las conversaciones entre instituciones.
Imaginemos que las universidades compartieran sistemáticamente con los bachilleratos la información que obtienen sobre el desempeño de sus estudiantes de nuevo ingreso, que los bachilleratos hicieran lo mismo con la educación básica, que cada transición dejara de ser únicamente el final de una etapa para convertirse también en una oportunidad de aprendizaje institucional. No estaríamos agregando burocracia, estaríamos construyendo memoria y un sistema educativo que no aprende de sus propias generaciones difícilmente podrá mejorar de manera sostenida.
Secretaria de Educación de Veracruz: la coincidencia que hoy vive Veracruz ofrece una oportunidad poco frecuente, no sólo para iniciar una nueva etapa curricular, sino para fortalecer una cultura donde cada nivel educativo ayude a comprender mejor el trabajo del siguiente, una cultura en la que las trayectorias de las personas también se conviertan en una fuente de aprendizaje para las instituciones. Nos ofrece la oportunidad de una continuidad de la cual también dependa la calidad de las conversaciones que existen entre quienes comparten la responsabilidad de formar una misma generación.
Quisiera terminar con una hipótesis: quizá las transformaciones educativas más profundas no comiencen cuando cambian los planes de estudio, quizá comiencen cuando las instituciones descubren que también pueden aprender unas de otras, porque la educación está organizada por niveles. Las personas no. Y quizá la calidad de un sistema educativo comience cuando logra que sus niveles dejen de sentirse como fronteras y empiecen a funcionar como puentes.
Es decir, si las personas recorremos una sola trayectoria de vida, lo lógico es que, la calidad del sistema educativo se mida por su capacidad para acompañarla sin interrupciones.