Veracruz 2027: la batalla está dentro de Morena.

Por: Luis Ramírez Baqueiro

“Son de más valor la honradez y el talento que la riqueza”. – John Dryden.

El proceso electoral concurrente de 2027 será mucho más que una elección intermedia en Veracruz. El domingo 6 de junio estarán en disputa 19 diputaciones federales, 30 diputaciones locales de mayoría relativa y 20 posiciones de representación proporcional. En total, 69 espacios legislativos alrededor de los cuales comenzarán a moverse partidos, grupos económicos, cacicazgos regionales y aspirantes de toda índole.

La dimensión del desafío tampoco es menor: la Lista Nominal de referencia está integrada por seis millones 47 mil 550 ciudadanos —tres millones 197 mil 592 mujeres y dos millones 849 mil 949 hombres—, de acuerdo con las cifras del Instituto Nacional Electoral.

Morena llegará como la fuerza política dominante, respaldada por el trabajo del Gobierno federal y, particularmente, por la administración estatal encabezada por Rocío Nahle García. Las obras carreteras, el saneamiento financiero, la modernización del transporte, los programas sociales, la atención a sectores productivos y la presencia territorial de la gobernadora comenzarán a convertirse en activos electorales difíciles de ignorar.

La oposición intentará contrarrestar esa ventaja mediante una narrativa conocida: populismo, izquierda autoritaria, quiebra financiera y, por supuesto, su expresión favorita, “narcogobierno”. Será una campaña sustentada principalmente en la descalificación, porque PAN y PRI todavía no presentan un proyecto alternativo capaz de entusiasmar a una sociedad que ya los vio gobernar.

Sin embargo, Morena cometería un error si supone que los resultados están garantizados. La caída de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, durante el operativo federal de febrero de 2026 representó un golpe de enorme relevancia contra el crimen organizado. A ello se suman detenciones de operadores regionales, integrantes de células dedicadas al huachicol y acciones contra organizaciones como La Barredora. Eso permite cuestionar el discurso de quienes afirman que existe completa pasividad gubernamental.

Pero la precisión también es indispensable: Joaquín “El Chapo” Guzmán fue detenido y extraditado durante el sexenio de Enrique Peña Nieto; Ismael “El Mayo” Zambada llegó a Estados Unidos en julio de 2024 junto con Joaquín Guzmán López, en circunstancias que incluyeron una presunta entrega forzada, y posteriormente fue procesado por autoridades estadounidenses. Apropiarse electoralmente de todos esos casos sería tan inexacto como afirmar que actualmente no se combate a los grupos criminales.

El verdadero riesgo para Morena no parece encontrarse, por ahora, enfrente, sino dentro de su propia estructura. Las candidaturas a las diputaciones federales y locales convertirán al partido en un hervidero de aspiraciones, resentimientos, acuerdos y posibles traiciones. La autorización para que legisladores busquen la reelección aumentará la presión entre quienes desean permanecer y quienes consideran que ya llegó su turno.

En Xalapa aparecen nombres como Dorheny García Cayetano, Delia González Cobos, Tanya Carola Viveros Cházaro y otros cuadros vinculados al movimiento. También permanece la figura de Ricardo Ahued Bardahuil, cuyo peso político podría ser utilizado si la dirigencia considera necesario garantizar alguna posición estratégica. El problema será procesar la competencia sin provocar rupturas ni fugas hacia Movimiento Ciudadano.

En Boca del Río se mencionan, entre otros, Byron Barranco, Enrique Mariano Molina, Ana Morales Villar y Bertha Ahued Malpica, frente a una estructura panista que conserva presencia territorial. En Huatusco han circulado los nombres de Apolonia Zamora y Norma Ramírez Muñoz, además de la pretensión del Partido Verde de conservar influencia en esa región. En Tantoyuca, Roberto San Román Solana representa una carta de la alianza gobernante, mientras el panismo conserva la maquinaria asociada durante décadas a la familia Guzmán Avilés.

Boca del Río, Huatusco y Tantoyuca serán laboratorios políticos. Allí los antiguos cacicazgos podrían reorganizar sus estructuras, explotar conflictos internos de Morena y reactivar prácticas de presión, compra de votos y control territorial. La mejor defensa no será denunciar anticipadamente un fraude, sino seleccionar candidatos competitivos, mantener la unidad y vigilar jurídicamente cada casilla.

El enojo de ciertos grupos opositores y medios afines también tiene una explicación económica: cada vez observan más distante la posibilidad de recuperar el poder y, con éste, los convenios publicitarios, patrocinios y recursos públicos que durante años sostuvieron lealtades editoriales.

Rocío Nahle puede representar una ventaja considerable, pero no sustituirá la disciplina partidista. Si Morena administra bien sus candidaturas, llegará fortalecido; si permite que la ambición produzca divisiones y traiciones, entregará a la oposición la oportunidad que hoy no puede construir por sí misma. En 2027, la principal batalla de Morena será contra Morena.

Al tiempo.

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