Flexibilidad, equidad y capacidad académica en el Bachillerato Nacional

Veracruz apenas está apropiándose del Modelo Educativo 2025 y la Dirección General del Bachillerato ya publica estructuras curriculares identificadas como Modelo Educativo 2026, la reacción inmediata podría ser preguntar si otra vez cambió el bachillerato, pero no es exactamente eso, la documentación disponible obliga a distinguir entre una sustitución del modelo y un proceso de flexibilización curricular dentro del Bachillerato Nacional. El oficio CSAC/856/2026 mantiene la correspondencia con el Marco Curricular Común de la Educación Media Superior y con el SINBANEM, y conserva las mallas vigentes en 2025 como referentes académicos y operativos, por eso la discusión verdaderamente importante no está en el nombre 2025 o 2026, está en otra parte ¿Qué ocurre cuando un sistema educativo deja una porción mayor del currículo abierta a decisiones posteriores? y, sobre todo: ¿quién está en condiciones de tomar bien esas decisiones?

En el Bachillerato General presencial la carga total no disminuye, el mapa 2025 suma 3,740 horas y 374 créditos, la estructura 2026 conserva esas mismas 3,740 horas y los mismos 374 créditos, lo que cambia es la manera de organizarlos, aparece un Trayecto Electivo de 480 horas y 48 créditos. Se modifica la distribución de algunos componentes, determinadas UAC dejan de aparecer como espacios obligatorios diferenciados y otras reducen o reorganizan su carga, formación Socioemocional, por ejemplo, pasa de 420 a 240 horas explícitas dentro del mapa. Pensamiento Matemático V y VI reducen su carga de 100 a 80 horas cada uno. Laboratorio de Investigación, Taller de Ciencias y Pensamiento Literario dejan de aparecer como UAC obligatorias diferenciadas en la nueva estructura, pero reducir esta discusión a una tabla de horas sería perder lo verdaderamente importante, el movimiento de fondo es otro: una parte relevante del tiempo curricular pasa a organizarse mediante un trayecto electivo dentro de un esquema regulado de flexibilización, eso significa que el mapa ya no responde por sí mismo todas las preguntas, alguien tendrá que decidir qué ocupará ese espacio, con qué propósito y bajo qué criterios.

Conviene aclararlo porque puede prestarse a una lectura equivocada, las 480 horas del Trayecto Electivo no son un bloque vacío que cada plantel pueda llenar libremente, el oficio federal establece mínimos y máximos de horas y créditos, respeta las cargas de mediación docente y los recursos ya autorizados y señala que los servicios educativos podrán programar el trayecto dentro de esos márgenes, la estructura curricular agrega que puede integrarse mediante asignaturas, talleres, microcredenciales u otras unidades curriculares que determine la institución educative, además, el propio oficio menciona dos instrumentos que serán fundamentales para entender cómo operará realmente esta flexibilidad: los Criterios de Gestión y Flexibilización Curricular del Bachillerato Nacional y el Catálogo Nacional de Asignaturas Optativas, no hemos conseguido localizar públicamente el primero de esos documentos y eso nos obliga a ser prudentes. Todavía no sabemos con suficiente precisión cuánto corresponderá decidir a la autoridad federal, cuánto a Veracruz, cuánto a cada subsistema, cuánto a la institución y cuánto, en su caso, al propio estudiante, por eso hay una pregunta que debemos conservar abierta: ¿electivo para quién? El nombre del trayecto no basta para responderla.

Durante 2025, antes de que la estructura 2026 fuera autorizada, en Veracruz ya se había abierto una reflexión institucional sobre la necesidad de flexibilizar, reducir y simplificar elementos curriculares, ampliar la transversalidad y fortalecer el Programa Aula, Escuela y Comunidad y la Formación Socioemocional, en Telebachillerato, una circular de la Subdirección Técnica convocó a una Jornada Estatal Docente para analizar precisamente esos temas y pidió a los colectivos escolares identificar fortalezas, problemáticas y propuestas de mejora, eso importa, no podemos presentar a Veracruz simplemente como receptor de una decisión curricular federal, aquí ya hubo docentes, planteles y estructuras técnicas pensando sobre problemas que después aparecen en el centro de la flexibilización, lo que no hemos conseguido reconstruir públicamente es el paso siguiente ¿Qué concluyó Veracruz de esas jornadas?, ¿Qué propuestas se repitieron?, ¿Qué observaciones llegaron a las instancias estatales o nacionales?, ¿Qué parte de ese aprendizaje está siendo utilizada ahora? La pregunta, entonces, no es si alguna vez se consultó a los docentes, es más exigente: ¿qué aprendió Veracruz de lo que dijeron y cómo viajará ese aprendizaje hacia las decisiones curriculares que ahora tendrá que tomar? Porque escuchar produce información, aprender exige que esa información entre después en una decisión.

Formación Socioemocional permite ver con claridad otro de los problemas de fondo, que su carga explícita disminuya no significa necesariamente que pierda importancia, el Bachillerato Nacional coloca la transversalidad, el PAEC y el vínculo aula–escuela–comunidad en el centro de su concepción pedagógica. El propio oficio 856 establece un mínimo semanal y permite otras formas de trabajo socioemocional de acuerdo con necesidades, condiciones operativas y diversidad regional, por tanto, sería equivocado leer: menos horas = menos formación socioemocional, pero sería igualmente apresurado afirmar: menos horas propias = mayor transversalidad, eso todavía tiene que ocurrir en la escuela y sabemos, por la experiencia de muchas reformas educativas, que declarar algo transversal no garantiza que efectivamente atraviese las prácticas docentes, la evaluación y la experiencia cotidiana de los estudiantes.

La transversalidad necesita responsables, coordinación, tiempos, criterios y capacidad professional, porque hay un riesgo muy concreto: que una responsabilidad distribuida entre todos termine siendo una responsabilidad que nadie asume del tod, lo mismo puede decirse de Laboratorio de Investigación, la discusión no debería quedarse en si permanece o desaparece una asignatura, la pregunta es más profunda: ¿conviene conservar un espacio explícito desde el cual enseñar a investigar problemas del contexto y después vincularlo con otras áreas?, ¿O es preferible que la investigación se integre directamente en ciencias, humanidades, proyectos comunitarios y PAEC? Las dos opciones pueden tener sentido, lo que necesitamos saber es cuál funciona mejor bajo las condiciones reales de nuestros bachilleratos.

Aquí comienza, para mí, la discusión verdaderamente importante para Veracruz, la OCDE distingue entre dos tipos de autonomía que ayudan a entender el problema, una es la autonomía estructural: que una norma permita tomar determinadas decisions, otra es la autonomía profesional: disponer de conocimiento, experiencia, confianza y condiciones para utilizar bien esa facultad, no son lo mismo, un oficio puede abrir margen curricular, no puede producir por sí solo academias consolidadas, docentes con formación en diseño curricular, liderazgo académico, conectividad, recursos, tiempo colegiado o experiencia para evaluar proyectos interdisciplinarios y ahí aparece la dimensión de equidad. Veracruz tiene una Educación Media Superior muy heterogénea, conviven planteles grandes y pequeños, urbanos y rurales, modalidades escolarizadas, telebachillerato, educación tecnológica, opciones abiertas y en línea. Sus subsistemas tienen tamaños, estructuras, redes de supervisión y condiciones materiales distintas, eso no significa que unos sean mejores que otros, significa algo mucho más elemental: no todos parten del mismo punto para ejercer una flexibilización curricular compleja.

Una escuela con academias estables, plantilla suficiente, conectividad, posibilidades de colaboración externa y experiencia en proyectos tendrá más herramientas para convertir un margen curricular en una experiencia rica, otra puede requerir rutas previamente diseñadas, materiales, acompañamiento técnico o incluso apoyo para organizar tiempos y responsables, las dos pueden ejercer flexibilidad, pero probablemente no necesiten el mismo tipo de apoyo.

Que dos escuelas hagan cosas distintas no significa desigualdad, la contextualización curricular busca precisamente permitir respuestas diferentes, un telebachillerato en una comunidad rural no tiene por qué organizar exactamente las mismas experiencias que un plantel urbano o tecnológico, las diferencias pueden ser una Fortaleza, el problema aparece cuando esas diferencias dejan de responder a las necesidades del estudiante y empiezan a depender, principalmente, de las limitaciones del plantel, por eso no podemos afirmar que la flexibilización vaya a producir desigualdad, todavía no lo sabemos, sí podemos afirmar que existe un riesgo de diseño si se concede el mismo margen formal a instituciones con capacidades muy diferentes y no se acompaña de apoyos suficientes, dicho de otra manera: el problema no es que dos bachilleratos sean distintos; el problema sería que la riqueza de esa diferencia dependiera demasiado de la infraestructura, la plantilla o el lugar donde vive el estudiante.

Una política de equidad no necesita regresar a un currículo rígido, tampoco tendría sentido construir un segundo mapa estatal que vuelva a predeterminar todo lo que la flexibilización intenta abrir, la pregunta sería otra: ¿qué debe estar garantizado para cualquier joven veracruzano, aunque la forma de conseguirlo pueda variar? Ahí Veracruz podría trabajar con algo más flexible que una lista de asignaturas obligatorias, podría pensar en garantías de experiencia educative, que todo estudiante tenga oportunidad real de investigar un problema, que participe en alguna experiencia vinculada con su comunidad, que desarrolle capacidades socioemocionales, que utilice herramientas digitales con sentido académico, que tenga alguna posibilidad real de elección, que pueda vincular lo que aprende con problemas de su entorno, la forma concreta podría variar, lo que no debería variar demasiado es el derecho a acceder a experiencias suficientemente ricas.

La segunda salvaguarda sería evitar que cada escuela tenga que inventar su propio trayecto, Veracruz ya cuenta con direcciones académicas, subdirecciones técnicas, academias, supervisiones y equipos que producen materiales y acompañan procesos pedagógicos, esas estructuras podrían desarrollar rutas sólidas y adaptables, por ejemplo: investigación y comunidad; ciencia aplicada; arte y cultura; ciudadanía y formación socioemocional; capacidades digitales; microcredenciales vinculadas con necesidades regionales. Un plantel podría utilizar una ruta complete, otro adaptarla y uno con mayores capacidades podría construir una propuesta propia dentro de los márgenes autorizados, eso parece más sensato que entregar la misma responsabilidad a todos y llamar autonomía al resultado, no se trata de quitar capacidad de decisión a quien necesita apoyo, se trata de no darle más responsabilidad sin darle también condiciones para ejercerla.a flexibilización modifica también el trabajo docente, cuando una parte del currículo deja de venir completamente prescrita, aumenta la necesidad de interpretar, seleccionar, contextualizar, integrar y evaluar, eso requiere formación, no sólo actualización sobre el contenido de una nueva estructura, formación en diseño curricular, interdisciplinariedad, evaluación formativa, trabajo colegiado y uso de evidencia para tomar decisions, de otra manera corremos el riesgo de trasladar una decisión desde el documento hacia el maestro sin trasladar también los recursos profesionales necesarios para asumirla y ésa sería una paradoja difícil de defender, la flexibilidad sólo tendrá valor si produce aprendizaje para el propio Sistema, cada decisión curricular podría dejar una pequeña memoria: ¿qué necesidad intentamos atender?, ¿qué decidimos hacer?, ¿qué ocurrió con los estudiantes?, ¿qué conservaríamos y qué modificaríamos? No necesitamos otra Plataforma, ni otro observatorio, podemos utilizar las academias, supervisiones, subdirecciones técnicas y mecanismos de evaluación que ya existen, porque permitir decisiones diferentes sólo es la primera parte, la segunda es conseguir que las experiencias que funcionan puedan viajar de un plantel a otro y que aquello que no funciona pueda corregirse.

El Bachillerato Nacional busca facilitar la movilidad entre subsistemas y entidades, la flexibilidad curricular necesariamente incrementará la diversidad de experiencias, eso no es una contradicción si el sistema reconoce adecuadamente créditos, aprendizajes y trayectorias, pero sí es una prueba que conviene hacer desde el diseño, un joven cursa determinada estructura en Veracruz y cambia después de plantel, subsistema o estado ¿Qué se le reconoce?, ¿Qué debe regularizar?, ¿Qué pasa con sus créditos electivos?, ¿Puede continuar sin perder un semestre? La promesa de un Bachillerato Nacional se juega también ahí, no en que todos tengan el mismo mapa, sino en que una diferencia curricular no se convierta en un obstáculo para continuar estudiando. Ésta quizá sea la ventaja más importante del momento, no estamos examinando una política veracruzana ya cerrada, hasta ahora no hemos localizado públicamente una definición estatal final sobre cómo se ejercerá el nuevo Trayecto Electivo, tampoco hemos encontrado públicamente los Criterios de Gestión y Flexibilización que el oficio federal dice haber remitido, eso limita lo que podemos afirmar, pero también significa que la discusión llega a tiempo, antes de decidir, Veracruz puede preguntarse: ¿qué debe quedar garantizado para todos?, ¿qué puede variar?, ¿quién decide?, ¿qué elegirá realmente el estudiante?, ¿qué planteles necesitarán mayor acompañamiento?, ¿qué formación necesitarán los docentes?, ¿cómo evitaremos que una diferencia de recursos se convierta en una diferencia de oportunidades?, ¿cómo sabremos después si la flexibilización funcionó? Estas preguntas no están en contra del nuevo modelo, son precisamente las preguntas que permiten tomarlo en serio.

Durante años hemos discutido el currículo preguntando qué debe incluir, la flexibilización introduce otra responsabilidad: qué hacer con aquello que deja de estar completamente prescrito, eso puede ser una fortaleza extraordinaria, puede permitir que los contextos importen, que las escuelas no sean simples ejecutoras de un mapa, que los proyectos comunitarios tengan sentido real, que un joven encuentre opciones que dialoguen con su territorio, sus intereses y su proyecto de vida, pero una buena política de flexibilidad necesita algo más que autorización, necesita capacidad académica, necesita acompañamiento, necesita criterios y necesita aprender de sus propias decisiones. Por eso la pregunta para Veracruz no es solamente qué hará con el Trayecto Electivo, es una pregunta más exigente: ¿qué condiciones construiremos para que todos los planteles puedan convertir ese margen en una buena experiencia educativa, aunque no hagan exactamente lo mismo? La autonomía curricular no comienza cuando una norma permite decider, comienza cuando el sistema consigue que quienes reciben esa responsabilidad tengan condiciones razonables para decidir bien y ahí puede estar uno de los grandes retos del Bachillerato Nacional en Veracruz: permitir que las escuelas sean diferentes sin permitir que la calidad de esas diferencias dependa de la suerte del plantel al que llegó cada estudiante.