La retórica del poder: Entregar la curul o declinar la reelección. La discusión política en el Congreso de la Unión sumó una nueva polémica tras los posicionamientos del coordinador parlamentario de Morena, Ricardo Monreal Ávila. El legislador declaró que ponía su posición a disposición del partido para determinar si buscará la reelección en los comicios de 2027 o si concluye su ciclo parlamentario para integrarse a las aulas universitarias.

El tema es que la risa no la causa el hecho de que haya dicho que no buscará la reelección, sino por la curiosa manera de presentar su decisión como si estuviera poniendo una curul personal en manos del partido.

Es decir, ¿De quién es la curul: de Monreal, de Morena o de los ciudadanos?. Y es que cuando se declara así, se pone en duda todo el esquema de acceso a los cargos de elección pupular.

La forma en que presentó su decisión reabre la discusión técnica sobre la naturaleza jurídica de los cargos parlamentarios y el peso de las burocracias partidistas sobre la representación popular, lo que podría ser un buen tema que podría explicar en sus cátedras para los estudiantes de la UNAM.

Sobre todo porque jurídicamente, los legisladores proporcionales responden a la ciudadanía que los votó mediante las listas partidistas; las curules no constituyen una concesión patrimonial que pueda ser devuelta a un instituto político de manera anticipada.

La resistencia burocrática al cambio: ¿Por qué las estructuras tradicionales se resisten a la transformación?

Los sabios bebedores de café del Puerto de Veracruz, apreciaron que la reciente gira de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo generó lecturas sobre la composición de las asistencias a los actos públicos: Una asistencia predominantemente ciudadana frente a una discreta presencia de la burocracia institucional.

Más allá de la percepción cuantitativa, el hecho reabrió una interrogante de fondo en la ciencia política: ¿Por qué los aparatos gubernamentales ofrecen tanta resistencia cuando se intenta transformar su dinámica de trabajo?

En principio parece ser lógico. Cuando una nueva administración cambia reglas, procedimientos y formas de hacer las cosas, aparece una pregunta inevitable:

¿Por qué algunas estructuras burocráticas se resisten con tanta fuerza a los cambios? Hasta cierto punto el rechazo es natural, pero no todo es política. No todo es defensa de derechos. Y tampoco toda resistencia es injustificada. Pero hay algo que pocas veces se explica: durante años, muchas personas y organizaciones aprendieron a vivir dentro de las reglas del sistema anterior, y cuando estas cambian, también cambian intereses, costumbres y espacios de poder.

Y en la mesa se puso un ejemplo muy actual: Por qué la burocracia estatal se le volteó a Miguel Ángel Yunes Linares cuando como gobernador tuvo todo para heredar el poder a su hijo. No hubo cambio de reglas ni régimen, pero sí una incesesaria y grosera confrontación que le impidió incluso heredar el poder.  

Y si bien lo de Yunes es un caso diferente, local y personal, ahora imagínese en lo general con un cambio de régimen. No es cualquier cosa, por ello vale la pena tomar un respiro, porque, con lo de hoy apenas los sabios bebedores de café apenas comenzaron. 

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