• La política en rosa

Estoy con ustedes (yo también)




Parlamento Veracruz

Juan Javier Gómez Cazarín


La imagen de una mujer xalapeña, que horas después sabríamos que se llama Katia, se hizo viral en todo el país como uno de los símbolos de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer en México.

La poderosa imagen de la joven empleada en una cadena de comida local, a quien le tocó trabajar ese domingo, encarna la valentía, fuerza y tenacidad de las mujeres que todos los días mueven a este Veracruz.

Katia nos recordó que por cada mujer que marchó el domingo hay muchísimas más que no pudieron estar físicamente ahí y que no por eso comparten menos la causa del feminismo. Mujeres que tenían ocupaciones y compromisos. Mujeres cuya circunstancia de vida, económica o de salud, les impidió manifestarse, pero que también exigen el reconocimiento a sus derechos.

¿Qué idea relámpago habrá pasado por la mente de Katia el domingo cuando vio por la ventana de su trabajo que la marcha de mujeres se aproximaba? ¿Cuántos agravios del machismo habrá acumulado en su vida? No lo sabemos, pero lo que haya sido la impulsó a escribir apresuradamente en un papel “¡Estoy con ustedes!” y mostrarlo desde el ventanal a las manifestantes.

Como ocurre en estos casos, alguien desde la calle capturó la foto y la compartió en redes sociales sin poder premeditar el resultado. La propia Katia seguramente regresó a sus quehaceres del restaurante sin imaginar que en cuestión de minutos su rostro y su mensaje de adhesión y sororidad viajarían por todo México.

Si la conmemoración del Día Internacional de la Mujer en el 2020 pasará a la historia de la lucha feminista en México como un punto de inflexión, muchos de nosotros y nosotras encontraremos en esa estampa un recordatorio de lo que son las mujeres a nuestro alrededor y de que, sin importar donde hayan estado el domingo, también repudian al machismo y tienen una demanda pendiente de justicia.

La víspera, a más de 300 kilómetros de distancia, en mi tierra, Hueyapan de Ocampo, otra gran mujer me reiteró una enorme lección de amor a la vida, de optimismo, de lucha por superar los desafíos.

Rosita es indígena habitante de la sierra y visita la cabecera municipal con frecuencia para buscarse el sustento realizando trabajos domésticos. Tengo el honor de ser su amigo. Hace dos años Rosita perdió a su único hijo, pero no ha perdido las ganas de vivir feliz. Ella es para mí otro emblema de las mujeres de Veracruz cuya causa debemos abrazar, admirar y por la que debemos sentir orgullo y compromiso.

Mujeres como ellas nos obligan a estar en su causa y decirles que sí, que estamos con ellas. Diputado local Presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado