El calendario escolar también dice qué considera importante una institución.No sólo organiza fechas, cuando reserva tiempo para enseñar, evaluar, formar docentes, dialogar entre colegas o revisar una política educativa, también está diciendo qué considera necesario para que una escuela funcione, por eso encontré varias decisiones que vale la pena reconocer en el Calendario Escolar 2026-2027 de la Dirección General de Bachillerato de Veracruz. Hay jornadas de diálogo académico y trabajo colegiado, hay espacios para la formación docente, se contempla el diagnóstico e inducción del aprendizaje y aparece, además, una actividad que confieso me produjo una enorme satisfacción encontrar: “Valoración de la implementación del MCCEMS”. Me parece un acierto y precisamente porque me parece un acierto, espero mucho de ese espacio.
La valoración no es un añadido menor, el Modelo Educativo 2025 concibe su implementación como un proceso abierto y en construcción que debe evaluarse y discutirse permanentemente, prevé una primera valoración al concluir el ciclo 2026-2027, cuyos resultados deberán servir como evidencia para la toma de decisiones y, en su caso, para realizar ajustes. La orientación nacional propone que esta primera valoración atienda especialmente aspectos del diseño curricular para revisar su congruencia, pertinencia y aplicabilidad, tomemos esa tarea en serio, porque un currículo puede ser congruente en el papel y encontrar dificultades cuando se enfrenta con la realidad ¿Qué ocurrió en las aulas? ¿Qué comprendimos los docentes? ¿Qué pudimos llevar a la práctica y qué permaneció en los documentos? ¿Qué resultó pertinente en nuestros contextos? ¿Qué dificultades encontramos al intentar aplicarlo? ¿Qué funcionó? ¿Qué no? ¿Por qué? y, sobre todo: ¿qué estamos dispuestos a modificar a partir de lo aprendido? Ademas, Veracruz tiene una ventaja, al no aplicar el modelo en 2025, puede revisar y tomar decisiones con base a las experiencias de otros subsistemas y otros estados.
Ahí está la diferencia entre evaluar y registrar, porque si después de valorar todo permanece exactamente igual, quizá no evaluamos, sólo registramos, una jornada académica comienza antes de la jornada También celebro que el calendario reserve tiempo para el diálogo académico y el trabajo colegiado.Los docentes necesitamos encontrarnos, pero no solamente reunirnos, necesitamos hablar de esa realidad mucho más compleja que cualquier programa de estudios: enseñar a estudiantes concretos, en escuelas concretas y bajo condiciones concretas. Precisamente por eso, a pocos días de la primera jornada, quienes participaremos en ella todavía esperamos conocer con suficiente anticipación su propósito específico, temática, metodología, materiales de trabajo y la ruta que habrá de orientar la conversación.
Al momento de escribir estas líneas tampoco encontré esos materiales publicados en los espacios oficiales que pude consultar, eso no significa que no existan ni que no estén por llegar, pero sí refuerza una convicción: una jornada académica comienza antes del día en que aparece marcada en el calendario. Si queremos discutir, necesitamos preguntas, si queremos analizar, necesitamos evidencias. si necesitamos leer, necesitamos tiempo, si alguien conducirá el trabajo, necesita preparación y si esperamos producir conclusiones, necesitamos saber para qué servirán después. Podemos reunirnos durante horas, llenar formatos, elaborar una relatoría y producir evidencia de que la actividad se realizóy aun así no haber construido trabajo colegiado, porque el trabajo colegiado no comienza cuando los docentes se sientan alrededor de una mesa, comienza cuando sabemos para qué vamos a sentarnos.
Dialogar no es recibir instrucciones, hay una palabra en el nombre de estas jornadas que debemos tomar en serio: diálogo, una actividad no se vuelve dialógica porque muchas personas compartan un espacio o porque al final se concedan algunos minutos para comentarios, dialogar supone reconocer que quienes participan tienen conocimiento que aportar. Paulo Freire colocó el diálogo en el corazón de una educación que reconoce a las personas como sujetos y no como receptores pasivos. Si creemos en ese principio para nuestros estudiantes, deberíamos creer también en él para nuestros docentes. No podemos defender una educación dialógica dentro del aula y organizar una formación docente basada exclusivamente en recibir instrucciones, no podemos aspirar a formar estudiantes críticos mientras tratamos a sus maestros únicamente como ejecutores.
La filosofía educativa también debe reconocerse en la manera en que trabajamos con quienes enseñan, dialogar significa preguntar, contrastar, argumentar y, algunas veces, disentir y debería significar algo más: que aquello que surja del diálogo tenga alguna posibilidad de modificar una decisión, porque si nada puede cambiar como resultado del diálogo, quizá no estamos dialogando, sólo estamos informando, pensar juntos no significa pensar igual. El trabajo colegiado tampoco debería confundirse con uniformidad, compartir propósitos no significa utilizar exactamente las mismas estrategias. Una educación situada reconoce precisamente que enseñar exige leer el contexto.
La misma propuesta curricular puede requerir mediaciones diferentes entre una escuela y otra. Una estrategia puede funcionar en un grupo y necesitar transformarse en otro, por eso el colectivo no debería borrar la autonomía profesional del docente, debería hacerla más reflexiva y mejor fundamentada.Donald Schön nos ayudó a pensar al profesional reflexivo: aquel que vuelve sobre lo que hace para comprenderlo y mejorarlo, eso hacen diariamente miles de docentes veracruzanos: observan, prueban, se equivocan, corrigen, encuentran respuestas y vuelven a intentar. La experiencia docente también produce conocimiento, el trabajo colegiado puede conseguir que ese conocimiento deje de permanecer aislado dentro de cada aula y se convierta en conocimiento colectivo.
Menos formatos. Mejores preguntas, no tengo nada contra los formatos, son instrumentos y muchas veces son necesarios, el problema comienza cuando el instrumento se convierte en el propósito, no quisiera medir el éxito de una jornada por el número de productos entregados, sino por la calidad de las preguntas que fuimos capaces de formular: ¿Qué está ocurriendo con nuestros estudiantes? ¿Dónde están las dificultades? ¿Qué hacemos que sí funciona? ¿Qué necesitamos revisar? ¿Qué puede resolver el plantel? ¿Qué requiere acompañamiento de DGB? ¿Qué necesita una decisión de la Secretaría? ¿Y qué debería llevar Veracruz a la conversación educativa nacional? Preguntas así pueden producir algo mucho más valioso que una carpeta perfectamente integrada: conocimiento educativo, del calendario a una ruta académica. Aquí encuentro la mayor oportunidad. ¿Qué pasaría si dejamos de mirar estos espacios como actividades independientes? Que la jornada inicial permita identificar problemas y formular preguntas, que el diagnóstico aporte evidencia, que las evaluaciones parciales permitan observar qué sucede, que el trabajo colegiado acompañe el proceso, que la formación docente responda también a las necesidades que los propios colectivos vayan identificando y que la Valoración de la implementación del Marco Curricular Común de la Educación Media Superior (MCCEMS) recupere finalmente todo ese recorrido.
Entonces el calendario dejaría de ser una suma de actividades, se convertiría en una ruta académica, al momento de valorar no llegaríamos únicamente con opiniones, llegaríamos con evidencia, experiencias, diferencias entre contextos y propuestas y necesitamos llegar también con algo indispensable: la voz de nuestros estudiantes, no podemos valorar una política educativa preguntando solamente a quienes intentamos implementarla, necesitamos escuchar también a quienes la vivieron ¿Qué cambió para ellos? ¿Encontraron mayor relación entre lo aprendido y su realidad? ¿La evaluación les ayudó a aprender? ¿Qué experiencias resultaron significativas? ¿Qué no tuvo sentido? Si el estudiante está en el centro del proceso educativo, su participación también debe formar parte de la evaluación. El propio Modelo Educativo 2025 reconoce expresamente la relevancia de esa participación.
Hay otra precisión indispensable, valorar la implementación del MCCEMS no debería convertirse en evaluar si los docentes cumplieron, implementar una política educativa es responsabilidad de un sistema, tenemos que preguntarnos qué hicieron los maestros, pero también qué acompañamiento recibieron, qué formación funcionó, qué orientaciones llegaron oportunamente, qué condiciones dificultaron el trabajo y qué decisiones institucionales ayudaron o complicaron la implementación. Una buena propuesta puede encontrar malas condiciones para realizarse, por eso valorar significa comprender, no buscar culpables y una institución que aprende de su propia práctica construye algo fundamental: una institución con memoria no necesita empezar de cero cada vez que cambia un programa, un modelo o una autoridad, si los docentes entregamos diagnósticos, relatorías, valoraciones y propuestas, necesitamos saber qué ocurrió con esa información.¿Qué encontró DGB? ¿Qué problemas aparecieron reiteradamente? ¿Qué diferencias existen entre regiones? ¿Qué prácticas están funcionando? ¿Qué dijeron nuestros estudiantes? ¿Qué necesidades de formación surgieron? ¿Qué decisiones se tomarán?
La información tiene que regresar a las escuelas. Porque una evaluación formativa sólo adquiere pleno sentido cuando aquello que descubrimos vuelve al proceso y permite modificarlo, si conseguimos hacerlo, estos espacios pueden producir algo extraordinariamente valioso: conocimiento sobre la educación veracruzana construido desde las propias escuelas veracruzanas y si queremos que Veracruz tenga una voz educativa propia, primero necesitamos aprender a escuchar lo que sus escuelas saben.
Humanismo también significa rigor, la Nueva Escuela Mexicana y el Modelo Educativo 2025 hablan de pensamiento crítico, contextualización, comunidad y transformación. El propio modelo asume la revisión, el debate y el perfeccionamiento curricular como parte de su naturaleza, tomemos esas palabras en serio, si el docente es agente y no solamente ejecutor, necesita participar, si la educación es crítica, necesita preguntas, si es contextualizada, necesita reconocer diferencias, si es humanista, necesita reconocer a quienes participan como sujetosy si pretende transformar, necesita estar dispuesta a transformarse también.Nada de eso significa renunciar al rigor académico, al contrario, el diálogo necesita propósito, la valoración necesita criterios, la discusión académica necesita evidencia, la formación necesita fundamento, las propuestas necesitan argumentos y las decisiones educativas deberían poder explicar por qué se toman.
El humanismo no sustituye al rigor. Le da sentido, por eso mi expectativa frente a estos espacios es alta, no espero grandes eventos ni conferencias espectaculares, espero algo más difícil: propósito, preparación, método, evidencia, diálogo, seguimiento y consecuencias.
Secretaria: convirtamos el calendario en una ruta académica, el calendario ya hizo algo importante: reservó tiempo para pensar la escuela, celebro que exista el diálogo académico, celebro la formación docente y celebro especialmente que se haya reservado un espacio para la Valoración de la implementación del MCCEMS. Precisamente porque creo en esos espacios, quiero que los aprovechemos, convirtamos el diálogo en verdadero trabajo colegiado, el diagnóstico, en conocimiento de nuestros estudiantes, la formación, en respuesta a necesidades surgidas de la práctica, la valoración, en aprendizaje institucional ytodo ello, no como actividades dispersas, sino como partes de una misma ruta académica. No llenemos simplemente el tiempo que el calendario abrió, démosle sentido, no para cumplir, para comprender, no para producir más documentos, para producir conocimiento, no para demostrar que nos reunimos, para tomar mejores decisiones después de habernos reunido, porque una escuela humanista también tiene que saber escucharse, una escuela crítica debe ser capaz de interrogar su propia práctica y una comunidad educativa que quiere transformar su realidad necesita primero comprenderla.
El calendario ya nos dio el tiempo, hagamos que valga, porque para pensar la escuela no basta con reunirnos. Tenemos que saber qué queremos comprender, escuchar lo que encontremos y estar dispuestos a cambiar después de haberlo comprendido.