Crecer es necesario, aprender a sostener académicamente ese crecimiento también.

Veracruz necesita más oportunidades para que sus jóvenes estudien educación media superior, empecemos por ahí, más infraestructura, más lugares y modalidades capaces de incorporar a quienes todavía permanecen fuera del sistema son buenas noticias, si asumimos que la educación media superior es un derecho, conseguir que exista un lugar para cada joven no es una concesión: es una obligación del Estado y todavía tenemos trabajo pendiente. En el ciclo 2024-2025, la cobertura de educación media superior en Veracruz fue de 73.6%, frente a 74.8% nacional, es decir: todavía tenemos jóvenes que no están llegando y sabemos algo más: conseguir que entren no resuelve por sí mismo el problema, también tenemos jóvenes que ingresan y después abandonan, otros que permanecen pero enfrentan rezago y otros que terminan sin que siempre podamos responder con suficiente precisión qué aprendieron y qué tan preparados están para continuar su trayectoria.

Por eso la expansión importa, pero no basta, en este contexto comienzan a construirse en Veracruz seis Bachilleratos Nacionales Margarita Maza: uno en Playa Vicente, uno en Cosoleacaque, uno en Emiliano Zapata, uno en Medellín de Bravo y dos en el municipio de Veracruz, la primera reacción podría ser celebrar los nuevos lugares, a segunda debería ser preguntar: ¿Por qué allí? y la tercera, todavía más importante: ¿qué tendrá que hacer Veracruz para conseguir que esos nuevos lugares produzcan mejores trayectorias educativas?, ¿Dónde necesitamos crecer? No todos los territorios tienen el mismo problema educativo. los datos municipales disponibles muestran diferencias importantes.

Medellín de Bravo, por ejemplo, registra una oferta local de bachillerato mucho menor que Veracruz puerto y presenta indicadores que obligan a mirar con atención tanto acceso como abandono. Emiliano Zapata y Cosoleacaque presentan también una relación entre población, oferta educativa y movilidad que no puede comprenderse simplemente contando planteles. Playa Vicente agrega condiciones de dispersión y accesibilidad territorial y Veracruz municipio, en cambio, concentra una oferta considerablemente mayor y recibirá dos nuevos planteles. Eso no demuestra que unos los necesiten y otros no, demuestra algo más importante: no podemos justificar de la misma manera los seis.

Un nuevo bachillerato puede responder a jóvenes que están completamente fuera del sistema, puede acercar una escuela a quienes actualmente tienen que trasladarse a otro municipio, puede atender crecimiento demográfico en una periferia urbana, puede ofrecer una modalidad flexible a jóvenes que trabajan o que abandonaron una trayectoria escolar tradicional, puede aliviar la saturación de planteles existentes, todas son razones legítimas, pero son problemas diferentes y una política educativa rigurosa debería poder decirnos cuál pretende resolver en cada territorio. Por eso, antes de preguntar solamente dónde podemos construir, tendríamos que preguntar: ¿dónde se están rompiendo las trayectorias educativas de nuestros jóvenes?, ¿No ingresan?, ¿Ingresan lejos de donde viven?, ¿Se trasladan diariamente a otro municipio?, ¿Abandonan?, ¿Reprueban?, ¿La modalidad existente no corresponde con sus condiciones de vida?, ¿Tenemos planteles saturados?, ¿O tenemos capacidad instalada que podríamos fortalecer antes de construir una nueva? La infraestructura tendría entonces otro significado. Dejaría de ser el punto de partida para convertirse en una de las posibles respuestas al diagnóstico.

Eso no cuestiona la expansión, la hace más inteligente, no todos los problemas educativos necesitan otro edificio, en un territorio la respuesta puede ser un Bachillerato Nacional Margarita Maza, en otro, ampliar un COBAEV, en otro, fortalecer un TEBAEV, en otro, abrir un turno, en otro, mejorar conectividad, en otro, resolver transporte y en alguno podemos descubrir algo todavía más preocupante: que existen lugares, los jóvenes ingresan y, sin embargo, después los perdemos. Por eso propongo algo extraordinariamente sencillo, que toda expansión futura de educación media superior en Veracruz tenga una ficha pública de pertinencia territorial y académica, no un documento de cien páginas, una ficha capaz de responder siete preguntas: ¿Qué problema queremos resolver?, ¿A cuántos jóvenes afecta?, ¿Qué oferta educativa existe actualmente?, ¿Por qué no es suficiente?, ¿Por qué elegimos esta modalidad y este lugar?, ¿Qué esperamos que cambie? y ¿Cómo sabremos dentro de dos años si funcionó? No se trata de poner obstáculos a la construcción, se trata de conseguir que cada peso destinado a ampliar cobertura esté vinculado desde el principio con el resultado educativo que esperamos producir, pero supongamos que elegimos perfectamente los lugares, construimos, equipamos, conectamos, abrimos matrícula, llegan los estudiantes, ¿Qué sigue? Aquí comienza, en realidad, la parte más difícil.

El Bachillerato Nacional Margarita Maza resulta particularmente interesante porque no plantea simplemente reproducir la preparatoria tradicional. Su diseño combina trabajo mediante plataforma y acompañamiento presencial y distribuye responsabilidades educativas entre distintas figuras, esa arquitectura puede representar una innovación importante, un estudiante podría encontrar apoyos diferentes para necesidades académicas, personales, vocacionales, tecnológicas, culturales o deportivas, en lugar de esperar que una sola figura resuelva todo, pero la fortaleza del modelo contiene también su mayor exigencia: articular ¿Quién advertirá que un estudiante dejó de conectarse?, ¿Quién sabrá por qué?, ¿Quién intervendrá?, ¿Quién dará seguimiento?, ¿Quién reunirá la información que poseen las distintas figuras?, ¿Quién comprobará si la intervención funcionó?, ¿Quién tendrá una mirada completa de la trayectoria del joven? y una pregunta que me parece indispensable: ¿quién acompañará a quienes acompañan? Porque ninguna arquitectura institucional, por innovadora que sea, sustituye la necesidad de conocimiento pedagógico, formación profesional, coordinación y seguimiento y ahí Margarita Maza deja de ser solamente el tema de esta columna, se convierte en un espejo para mirar algo mucho mayor. ¿Está creciendo nuestra capacidad académica?

Veracruz tiene una enorme estructura de educación media superior: DGB, COBAEV, TEBAEV, CECyTEV, CONALEP y otros servicios atienden poblaciones, territorios y necesidades diferentes, tenemos instituciones, tenemos planteles, tenemos docentes, tenemos experiencia acumulada, tenemos programas y hacemos muchas cosas académicas: capacitaciones, academias, evaluaciones, visitas, diagnósticos, reuniones, cursos.

El problema no es negar que esas actividades existen, el problema comienza cuando preguntamos: ¿qué ocurrió después? Podemos impartir cien cursos ¿Cuál fue el problema que pretendíamos resolver y qué cambió después en las aulas? Podemos visitar quinientas escuelas ¿Qué encontramos, qué intervención produjo la visita y quién regresó para saber qué ocurrió? Podemos aplicar evaluaciones ¿Sus resultados regresaron a las escuelas convertidos en decisiones pedagógicas? Podemos reunir academias ¿Qué problema de aprendizaje identificaron y qué conocimiento produjo ese trabajo colegiado? Ésta es una distinción importante, Actividad académica no es necesariamente capacidad académica. La primera nos dice lo que hicimos, la segunda nos obliga a demostrar lo que fuimos capaces de aprender y transformar a partir de ello.

Quizá necesitamos una regla muy sencilla para mirar cualquier política académica, una capacitación una visita, una estrategia contra el abandono, una academia, una evaluación, un nuevo programa, incluso un nuevo bachillerato, la regla sería:muéstrame el ciclo: ¿Qué diagnosticaste?, ¿Qué hiciste?, ¿Qué cambió?, ¿Qué aprendiste? ¿Y qué vas a modificar a partir de lo aprendido?Si podemos responder esas preguntas, tenemos un proceso de mejora, si solamente podemos enumerar actividades, todavía tenemos trabajo pendiente, pensemos, por ejemplo, en formación docente, en lugar de comenzar cada año preguntando qué cursos vamos a ofrecer, podríamos comenzar preguntando: ¿qué problemas de aprendizaje necesitamos resolver? Si encontramos dificultades particularmente importantes en comprensión lectora, matemáticas, evaluación formativa, abandono de primer semestre o utilización pedagógica de inteligencia artificial, la formación debería responder a esos problemas.

Después habría que acompañar a los docentes, volver a las escuelas, observar evidencias, escuchar a los estudiantes, evaluar, identificar qué funcionó y bajo qué condiciones, modificar lo que no y volver a intervenir. Pero no volver a empezar desde cero, empezar desde lo aprendido, eso es capacidad académica, el propio diagnóstico de Veracruz abre la puerta y aquí hay algo particularmente relevante. El Programa Veracruzano de Educación Integral 2025-2030 no es ajeno a estos desafíos. El documento oficial plantea una educación con enfoque territorial, gestión para resultados y evaluación del desempeño, y se presenta expresamente como un instrumento abierto a incorporar nuevas estrategias, líneas de acción e indicadores conforme cambien las necesidades del sistema.

Eso significa que no necesitamos inventar una política paralela, tenemos la oportunidad de profundizar la que Veracruz ya se ha propuesto, la expansión de cobertura podría ir acompañada de una arquitectura de mejora académica igualmente ambiciosa, porque construir capacidad académica no significa crear otra dirección general, otro subsistema o una nueva capa burocrática, significa conectar lo que hoy muchas veces ocurre por separado, diagnóstico con planeación, planeación con formación, formación con acompañamiento, acompañamiento con evaluación, evaluación con decisiones y decisiones con un nuevo ciclo de intervención. Veracruz tiene maestros,necesitamos que el sistema aprenda de ellos, tenemos miles de docentes trabajando todos los días en contextos profundamente distintos, entre ellos existe conocimiento pedagógico que el propio sistema debería ser capaz de identificar.

Hay maestros que consiguen recuperar estudiantes que estaban a punto de abandonar, otros encuentran formas eficaces de enseñar contenidos particularmente difíciles, otros están experimentando responsablemente con tecnologías e inteligencia artificial, otros construyen comunidades escolares capaces de sostener a los jóvenes en contextos adversos, ese conocimiento existe. La pregunta es cuánto consigue aprender el sistema de él.

Una política permanente de desarrollo profesional docente podría identificar problemas prioritarios y, al mismo tiempo, localizar dentro de nuestras propias escuelas a quienes ya están construyendo respuestas, observarlos, documentar sus prácticas, contrastarlas, formarlos también como acompañantes de otros docentes, crear comunidades permanentes de práctica, probar, evaluar y compartir. La formación dejaría entonces de ser una colección de cursos para convertirse en una trayectoria profesional de aprendizaje, porque Veracruz no necesita solamente maestros que aprendan del sistema, necesita un sistema capaz de aprender de sus maestros y tampoco necesitamos que cada subsistema aprenda solo, éste puede ser uno de nuestros mayores activos desaprovechados: si un TEBAEV encuentra una estrategia que reduce abandono, ese conocimiento debería poder estudiarse en otros contextos, si CECyTEV desarrolla una intervención eficaz para determinado problema de aprendizaje, necesitamos saber cómo lo hizo si COBAEV consigue acompañar especialmente bien la transición al primer semestre, vale la pena documentarlo, si CONALEP construye una articulación eficaz con el mundo laboral, otros pueden aprender de ella y si Margarita Maza consigue recuperar jóvenes con trayectorias interrumpidas, ese conocimiento no debería quedarse dentro de Margarita Maza. También los nuevos planteles deberían aprender de décadas de experiencia acumulada por los subsistemas que ya existen, porque Veracruz no necesita que cada subsistema aprenda solo, necesita que el sistema aprenda.

¿Qué podría hacer la Secretaría? Aquí está, quizá, la oportunidad política más importante, que la Secretaría de Educación de Veracruz no se limite a administrar la expansión, que la gobierne académicamente, que pueda decirnos al comenzar un ciclo escolar: estos son los principales problemas académicos que hoy encontramos en la educación media superior, aquí están ocurriendo, esto dicen nuestros datos, esto dicen nuestros docentes, esto dicen nuestros estudiantes, éstas serán nuestras prioridades y por eso vamos a intervenir de esta manera y que meses después pueda regresar y decir: Esto hicimos, esto cambió, esto no, esto aprendimos y por eso el próximo semestre modificaremos esto.

No necesitamos otra ceremonia, necesitamos memoria académica del sistema, que cada ciclo escolar comience un poco más adelante de donde terminó el anterior. Hagamos de los primeros Margarita Maza un laboratorio de aprendizaje, los seis nuevos planteles ofrecen una oportunidad magnífica para comenzar, no un experimento con los estudiantes, un laboratorio de aprendizaje institucional, desde el primer día podríamos saber quién ingresa, cuántos estaban anteriormente fuera de la escuela, cuántos provienen de trayectorias interrumpidas, quién empieza a desconectarse, qué dificultades aparecen, quién interviene, qué ocurre después, cómo se coordinan las distintas figuras de acompañamiento, qué dicen los jóvenes, qué necesitan quienes los acompañan, qué están aprendiendo, quién permanece, uién abandona y por qué. Al terminar el primer semestre podríamos tener algo mucho más valioso que una cifra de matrícula: conocimiento para decidir, corregir lo necesario, fortalecer lo que funciona, compartir lo aprendido con los demás subsistemas, recibir también de ellos lo que ya saben y antes de ampliar nuevamente el modelo, responder: ¿qué aprendió Veracruz?

Al final, toda esta discusión puede resumirse en dos trayectorias:  la del estudiante: entrar → permanecer → aprender → terminar → continuar y la del sistema: diagnosticar → intervenir → acompañar → evaluar → aprender → corregir. La primera es el derecho que queremos garantizar, la segunda es la capacidad institucional que necesitamos construir para hacerlo posible, por eso no tenemos que escoger entre cobertura y trabajo académico. Necesitamos las dos cosas, que Veracruz crezca, que construya, que amplíe, que existan lugares suficientes, que lleguemos a jóvenes que hoy siguen fuera, que probemos modalidades capaces de responder a realidades que la escuela tradicional no siempre consigue atender.

Pero mientras construimos edificios, construyamos también algo que no lleva placa, no se inaugura y difícilmente cabe en una fotografía: capacidad académica, volvamos dentro de dos años, los seis Bachilleratos Nacionales Margarita Maza que hoy comienzan a dibujarse en Veracruz pueden convertirse simplemente en seis edificios más o pueden convertirse en algo bastante más importante: seis oportunidades para demostrar que somos capaces de identificar una necesidad, intervenir, acompañar una trayectoria, observar resultados y aprender, por eso, dentro de dos años, no deberíamos preguntar solamente cuántos estudiantes se inscribieron. Deberíamos volver a Playa Vicente, Cosoleacaque, Emiliano Zapata, Medellín y Veracruz y preguntar: ¿Llegaron los jóvenes para quienes fueron construidos?, ¿Permanecieron?, ¿Aprendieron?, ¿Qué tuvimos que modificar? y quizá la pregunta más importante: ¿qué aprendió Veracruz de ellos? Porque ampliar el derecho exige abrir lugares, hacerlo efectivo exige construir trayectorias y para conseguirlo necesitamos algo que ningún edificio puede sustituir: un sistema educativo capaz de aprender. 

Por eso, frente a cada nueva escuela, cada programa, cada formación docente, cada evaluación y cada política académica, vale la pena acostumbrarnos a preguntar: ¿Qué diagnosticamos?, ¿Qué hicimos?, ¿Qué cambió?, ¿Qué aprendimos?, ¿Y qué vamos a modificar? Que Veracruz crezca, pero, sobre todo, que mientras crece aprenda, de eso, tenemos que hablar.