¿Qué debería producir una semana destinada a la formación docente?
Hay fechas en un calendario escolar que sirven para organizar el tiempo y hay otras que expresan una decisión académica. En el calendario 2026-2027 de la Dirección General de Bachillerato de Veracruz, la semana del 17 al 21 de agosto fue destinada a Jornadas de Formación Docente. La siguiente, del 24 al 28, está señalada para Jornada de Diálogo Académico y Trabajo Colegiado, la secuencia, por sí misma, resulta extraordinariamente pertinente, primero formarnos; después conversar entre profesionales; finalmente recibir a nuestros estudiantes. Pero una fecha escrita en un calendario no produce formación y aquí tenemos que hablar.
Al cierre de esta columna, no recibimos una agenda académica común, materiales u orientaciones para desarrollar la Jornada de Formación Docente prevista del 17 al 21 de agosto, si existieron acciones en algunos planteles o zonas, sería muy valioso conocerlas y, sobre todo, compartirlas, no escribo esto para repartir culpas.Lo escribo porque el tiempo institucional es también un recurso educativo yuna semana reservada para la formación de los profesores representa algo mucho más importante que cinco días colocados entre el periodo vacacional y el inicio de clases. Representa tiempo profesional, tiempo para estudiar, tiempo para comprender, tiempo para preguntar, tiempo para prepararnos mejor y ese tiempo, una vez transcurrido, no puede almacenarse para utilizarlo después.
Además, no estamos comenzando un ciclo cualquiera, la educación media superior mexicana atraviesa una transformación curricular importante, el Modelo Educativo 2025 coloca al estudiante en el centro, reorganiza componentes curriculares y fortalece el acompañamiento de las trayectorias y sabemos algo todavía más importante: implementar un nuevo modelo no consiste simplemente en entregar documentos, ya lo hemos discutido antes en este espacio: informar no es desarrollar capacidades, difundir no es acompañar, capacitar tampoco garantiza, por sí misma, transformación profesional.
Una reforma comienza verdaderamente cuando el profesor intenta convertirla en decisiones dentro de un salón de clases: ¿Qué hago con esto?, ¿Cómo lo planeo?, ¿Cómo lo evalúo?, ¿Cómo trabajo transversalmente?, ¿Qué hago con los resultados de una evaluación diagnóstica?, ¿Cómo acompaño trayectorias?, ¿Cómo contextualizo sin perder rigor?, ¿Qué hago cuando algo que funcionaba con un grupo no funciona con otro? Esas preguntas no se resuelven con una circular, se estudian, se conversan, se prueban y se revisan nuevamente a partir de la experiencia, además, formar docentes sí es una responsabilidad institucional. Conviene hacer esta precisión porque no estamos pidiendo algo ajeno a las funciones de la propia Dirección General de Bachillerato, es una idea importante, porque nos coloca frente a una lógica mucho más interesante que simplemente impartir cursos: observar → identificar necesidades → formar → acompañar → volver a observar.
La formación no tendría entonces que ocurrir separada de aquello que sucede en las escuelas, podría nacer precisamente de ahí y aquí debemos ser igualmente rigurosos, no sería justo afirmar que en Veracruz no existen experiencias de formación docente, existen y algunas están dentro de la propia Secretaría de Educación de Veracruz. Telebachillerato ofrece un ejemplo especialmente interesante, para el ciclo 2025-2026, TEBAEV publicó una convocatoria formal para su segundo periodo de capacitación docente, establecido expresamente en su calendario escolar y dirigido a docentes, supervisores y personal administrativo. Su propósito fue fortalecer habilidades pedagógicas y tecnológicas mediante distintas temáticas y favorecer ambientes de aprendizaje colaborativos. La oferta incluyó, entre otras posibilidades, Lengua de Señas Mexicana, Derechos Humanos en la Educación Media Superior, inglés, formación en derechos humanos e inducción específica para personal de nuevo ingreso. Además, en marzo de 2026 TEBAEV publicó su Estrategia Pedagógica Integradora TEBAEV 2026, otra evidencia de que dentro del propio sistema estatal se están construyendo instrumentos académicos para acompañar el trabajo educativo.
Esto modifica nuestra pregunta, ya no podemos preguntar simplemente: ¿Por qué Veracruz no hace formación docente? Sería impreciso, la pregunta académicamente más interesante es otra: ¿Cómo conseguimos que las experiencias de formación que ya existen dentro del propio sistema educativo veracruzano se conozcan, se evalúen, dialoguen entre sí y, cuando resulten pertinentes, puedan beneficiar también a otros subsistemas?, ¿Qué ha aprendido TEBAEV que podría servir a otras modalidades?, ¿Qué experiencias han construido COBAEV, CECyTEV, CONALEP, UPAV, BELVER, los bachilleratos estatales y las escuelas particulares que valdría la pena conocer?
No afirmemos que no existen solamente porque no las conocemos, preguntemos dónde están, qué resultados han producido, qué aprendieron y qué podría compartir cada una con las demás. Porque una Secretaría no necesita conseguir que todos sus subsistemas hagan exactamente lo mismo, necesita algo más difícil y más valioso: conseguir que el conocimiento que produce una parte del sistema y, por supuesto, vale la pena mirar fuera de Veracruz.
La Universidad Autónoma de Sinaloa desarrolló del 12 al 18 de agosto su Jornada de Formación Docente 2026 para bachillerato, con alrededor de 2,400 académicos. Trabajó reforma curricular, evaluación integral, inteligencia artificial, proyectos y transversalidad, combinando sesiones sincrónicas con actividades en plataforma., pero no interesa traer este ejemplo para construir una comparación elemental: “ellos sí, nosotros no”, interesa porque muestra una posibilidad. El periodo previo al regreso de los estudiantes puede convertirse en tiempo protegido para el aprendizaje profesional del profesor y si algo funciona fuera, podemos estudiarlo, si funciona dentro de Veracruz, con mayor razón, entonces, ¿qué debería producir una jornada de formación? Ésta es, para mí, la pregunta verdaderamente importante, porque tampoco resolveríamos el problema sustituyendo una semana vacía por cinco conferencias.
Una jornada de formación no debería medirse solamente por número de cursos impartidos, asistentes conectados o constancias expedidas, deberíamos preguntarnos: ¿Qué necesidad profesional intentamos atender?, ¿Qué aprendió el profesor?, ¿Qué duda pudo resolver?, ¿Qué herramienta incorporó?, ¿Qué conversación provocó?, ¿Qué decisión cambiará en su práctica?, ¿Y cómo sabremos después si aquello funcionó?
La formación docente no debería terminar cuando el profesor concluye una lectura o un curso. Debería comenzar allí: cuando aquello que aprendió modifica una pregunta, una decisión o una práctica. Por eso resulta especialmente interesante que el propio calendario haya colocado consecutivamente las dos jornadas, del 17 al 21: formación docente, del 24 al 28: diálogo académico y trabajo colegiado, podría existir una secuencia extraordinariamente sencilla: FORMARSE → DIALOGAR → ACORDAR → APLICAR → OBSERVAR → EVALUAR → MEJORAR. La primera semana podría proporcionarnos conocimiento, la segunda debería permitirnos convertirlo en decisiones y al comenzar las clases no tendríamos que llegar solamente con una constancia.
Podríamos llegar con acuerdos sobre evaluación diagnóstica, estrategias para aprovechar EDIEMS, criterios de evaluación formativa, decisiones sobre transversalidad, proyectos, acompañamiento de trayectorias o preguntas académicas que nuestra escuela quiera estudiar durante el semestre, entonces el trabajo colegiado tendría un propósito y la formación tendría continuidad.
Pero esa semana ya pasó, no podemos recuperarla y tampoco me parece justo trasladar ahora a los profesores, en sus tiempos personales, una obligación que correspondía desarrollar dentro del tiempo institucional destinado para ello, pero sí podemos hacer algo diferente. Los profesores también somos responsables de nuestro propio crecimiento profesional, seguimos leyendo, preguntando, buscando, aprendiendo de nuestros compañeros, probando algo nuevo, corrigiendo cuando no funciona, por eso, si me lo permiten, quisiera hacer una invitación entre colegas, no una tarea, no otro curso, no una evidencia que entregar, no una constancia, una pequeña ruta para seguir aprendiendo, sin fechas, sin horarios, cada uno a su ritmo y cuando tenga oportunidad.
En primer lugar necesitamos comprender: Volvamos al Modelo Educativo 2025, no necesariamente para leer cientos de páginas de una vez. Empecemos por comprender qué problema intenta resolver y qué cambia realmente para nuestra práctica y anotemos tres cosas: esto ya lo hago; esto todavía no lo comprendo suficientemente; esto necesito discutir con mis compañeros.Nada más, después: mirar nuestra práctica ¿Qué me funcionó el ciclo pasado?, ¿Qué no?, ¿Qué problema se repite en mis grupos?, ¿Qué quisiera hacer diferente? No necesitamos llenar un formato para hacernos esas preguntas.
Como un segundo momento propongo estudiar una necesidad real, no leer por cumplir, si mi problema es evaluación, estudio evaluación formativa, si es planeación, busco planeación, si necesito comprender mejor el Diseño Universal para el Aprendizaje, estudio DUA, si me preocupa el acompañamiento de trayectorias, empiezo allí.
No olvidar volver a nuestro programa de estudios, pero esta vez no para llenar una planeación, preguntémonos: ¿Qué quiero realmente que mis estudiantes aprendan?, ¿Qué necesitarán saber antes?, ¿Cómo descubriré qué saben?, ¿Qué haré si encuentro que no lo saben?, ¿Y qué evidencia me permitirá saber si mi estrategia funcionó?
Siempre es importante escuchar y mirar una conferencia, una conversación académica, una experiencia de otro profesor, un buen video un podcast, no todo desarrollo profesional tiene que comenzar con un curso de cuarenta horas.
Y lo que más me gusta es leer a alguien que nos haga pensar, podemos acercarnos poco a poco a autores como Dylan Wiliam para pensar la evaluación formativa, Michael Fullan para comprender los procesos de cambio educativo o Philippe Perrenoud para reflexionar sobre la práctica y el desarrollo de competencias profesionales, no para resumirlos, no para entregar un reporte, para preguntarnos: ¿hay aquí una idea que pueda ayudarme a enseñar mejor? yfinalmente: llevar una pregunta a nuestros compañeros: “esto me está ocurriendo,” “encontré esta idea,” “quiero probar esto,” “¿Ustedes qué hacen?”Una comunidad profesional puede comenzar con algo tan sencillo como un profesor que deja de esconder una duda y otro que decide compartir lo que ha aprendido.
Pero cuidado: autoformarse no significa dejar solo al profesor, ésta es una distinción que debemos defender, un profesor tiene responsabilidad sobre su propio desarrollo profesional, pero reconocer esa responsabilidad individual no libera a las instituciones de la suya. No podemos convertir la vocación docente en la solución permanente para aquello que institucionalmente dejamos de construir, la autoformación complementa, no sustituye, el profesor puede buscar, la institución debe generar condiciones, el profesor puede estudiar, la institución debe ofrecer oportunidades, el profesor puede preguntar, la institución debe construir redes capaces de responder, el profesor puede experimentar, el sistema debería ayudarle a observar qué ocurrió y permitir que aquello que aprendió pueda beneficiar también a otros, ahí empieza una verdadera política de desarrollo profesional.
Secretaria: vale la pena mirar aquí, hay, por tanto, una oportunidad que quisiera poner respetuosamente sobre la mesa de la Secretaria de Educación de Veracruz.Vale la pena mirar con especial atención estos espacios del calendario, una semana de formación docente no es un espacio menor entre dos fechas administrativas, es tiempo profesional de miles de maestras y maestros, es una oportunidad para estudiar juntos los cambios curriculares, revisar lo que está ocurriendo en las aulas, anticipar dificultades, compartir conocimiento entre planteles y preparar mejores respuestas antes de recibir a nuestros estudiantes.
Veracruz tiene docentes experimentados, tiene universidades, tiene especialistas, tiene materiales federales, tiene subsistemas que han desarrollado experiencias diferentes y sabemos documentalmente que dentro de la propia SEV ya existen experiencias organizadas de formación docente. TEBAEV es una muestra de ello.
Quizá lo que necesitamos no sea comenzar otra vez, necesitamos articular lo que ya existe y conseguir que llegue a las escuelas y ésa sí requiere conducción académica, porque cuando una actividad aparece expresamente en un calendario institucional deja de ser solamente una buena intención, genera una expectativa legítima de trabajo, si reservamos una semana para formación docente, debemos poder preguntarnos qué formación ocurrió, si reservamos otra para diálogo académico y trabajo colegiado, tendremos que preguntarnos qué se dialogó, qué se acordó y qué llegará finalmente al aula. El calendario no debería registrar solamente el tiempo que transcurre. Debería expresar las prioridades académicas que estamos dispuestos a cumplir.
Señora Secretaria: aquí hay una posibilidad extraordinaria, no requiere comenzar de cero, tampoco inventar una estructura nueva para cada problema, requiere convocar el conocimiento que ya existe dentro de la propia Secretaría, escuchar a quienes estamos en las escuelas y convertir los tiempos institucionales que ya tenemos en verdaderos espacios de construcción académica. Los profesores estamos listos para esa conversación.
La formación profesional tampoco empieza ni termina cuando una autoridad convoca un curso, nosotros podemos seguir leyendo, escuchando, conversando, probando, observando y aprendiendo unos de otros, nuestra pequeña ruta voluntaria puede comenzar cuando cada profesor decida recorrerla, pero la semana institucional que pudo aprovecharse colectivamente ya pasó y la responsabilidad de construir una política permanente de desarrollo profesional permanece. Por eso el próximo calendario no debería volver a reservar una semana para formación sin que, antes de que comience, profesores y planteles sepamos qué propósito tiene, qué oportunidades ofrece, qué necesidades pretende atender y cómo se conectará después con el trabajo colegiado y con el aula, porque el tiempo institucional también es un recurso educativo y cuando ya está reservado para aprender, no deberíamos volver a dejarlo pasar.